Guerra civil en Lesbos y Corcira

Guerra civil en Lesbos y Corcira 

De esta manera, el desarrollo de las operaciones bélicas de los peloponesiacos durante los dos años y medio que siguieron a la muerte de Pericles, volvió a demostrar la invulnerabilidad de Atenas. Esta incluso ensanchó su esfera de influencia en el Occidente, en la Acarnania y en las islas Jónicas. Sin embargo, el plan de Pericles, en su aspecto ofensivo, no había alcanzado ni mucho menos el efecto esperado por los atenienses. El bloqueo del Peloponeso era realizado con bastante intensidad, mas no hasta un punto que forzara al enemigo a capitular. Cierto es que entre los aliados y Esparta había comenzado a manifestarse alguna fatiga. Así, por ejemplo, Tucídides dice que los peloponesiacos «ya no sentían deseos de ir a la guerra», pero, aun así, sin operaciones bélicas más arriesgadas, como un desembarco en el mismo Peloponeso, los atenienses no podían contar con un triunfo. Además, la situación interna en la arqué había empeorado bruscamente en aquel tiempo. Durante el cuarto, y sobre todo el quinto año de la guerra, los oligarcas de las polis sometidas a Atenas, persuadidos ya de la inexpugnabilidad militar de ésta, comenzaron a intervenir abiertamente, armas en mano, en favor de la Liga del Peloponeso. 

Si a principios de la guerra los choques habían asumido, en lo fundamental, un carácter político exterior, siendo determinados, en primer lugar, por el antagonismo espartano-ateniense, ahora las operaciones militares adquirían otro cariz. Comenzó a desempeñar un papel primordial la lucha política interna entre la oligarquía y la democracia, lo cual se manifestaba habitualmente en forma de guerra civil en las polis aliadas a Atenas. Los oligarcas escogieron como primer punto donde alzarse contra el poder soberano de la ecclesia ateniense «al hermoso país del vino y de las canciones», Lesbos. Esta isla, situada en el extremos nordeste del mar Egeo, y cuya superficie es de unos 2.400 kilómetros cuadrados, con una población que llegaba a unos 150.000 hombres, es la más grande y opulenta de todo el archipiélago. A diferencia de la mayoría de los miembros de la arqué, Lesbos, al igual que Quíos, gozaba de cierta autonomía y disponía de su propia armada. No representaba a un Estado unido. Existían en la isla varias polis independientes. En la parte norte se encontraba Metimna, en la que imperaba el régimen político democrático. En el sudeste estaba situada la polis más grande de Lesbos, Mitilene, en la que gobernaban los oligarcas. Las restantes poblaciones de la isla —Antisa, Arisba, Pirra y Eresos— gravitaban políticamente hacia Mitilene. 

La población de Lesbos se hallaba muy vinculada por lazos de parentesco con los beocios, y su aristocracia mantenía vínculos políticos con los oligarcas tebanos. Desde los comienzos de la guerra, las tendencias separatistas de Mitilene se intensificaron considerablemente, y la aristocracia local emprendió serios preparativos para una rebelión. Empezaron a rodear los puertos con represas y a fortificar las murallas, equiparon naves, contrataron arqueros en la organización de un sinoicismo coactivo con los demás pobladores de la isla. Además, se dieron a la búsqueda, oficialmente, de un contacto con la Liga del Peloponeso. A la vista de estos hechos, los atenienses retuvieron en su puerto 10  trieres mitilenias y enviaron a Mitilene 40 barcos equipados para efectuar operaciones alrededor del Peloponeso, bajo el mando de Cleipides. Pero los mitilenios fueron puestos sobre aviso y tomaron medidas de precaución. Cleipides no se animó a atacar abiertamente a la ciudad. Las negociaciones no dieron ningún resultado, y los mitilenios enviaron una triere a Lacedemonia pidiendo auxilio. Ni Cleipides ni los rebeldes iniciaban operaciones activas, esperando ayuda: el primero de Atenas, los segundos de Lacedemonia. Sin embargo, algo más tarde, los atenienses, reforzados por algunos destacamentos aliados, cerraron por mar los dos puertos de Mitilene. 

En el ínterin, los embajadores mitilenios llegaron a Lacedemonia, siendo invitados por los espartanos a asistir a los festejos en Olimpia, donde tenía lugar la consulta confederal del Peloponeso. Habiendo presentado la situación de los atenienses con colores muy lóbregos, los embajadores subrayaron el agotamiento de los recursos de Atenas e instaron a Esparta a enviar un ejército auxiliar a Lesbos y a invadir simultáneamente al Ática por tierra y por mar. La propuesta fue aceptada por los espartanos. Pero la movilización declarada por sus aliados avanzó con extrema lentitud, pues se dirigieron al istmo solamente los espartanos, a cuyo encuentro partieron 100 trieres atenienses. Otras 100 naves de Atenas estaban asolando el litoral de la Laconia, lo cual forzó a los espartanos a retirarse inmediatamente a sus lares. Solamente con un gran retraso, a finales de mayo del año 427, 40 barcos peloponesiacos fueron enviados a Lesbos. Para ese entonces, el estratega ateniense Paqués, habiendo arribado a la isla con 1.000 hoplitas, ya había cercado a Mitilene con un muro y puesto sitio a la ciudad, por tierra y por mar. Sin esperar a la escuadra peloponesiaca, que avanzaba con excesiva demora, los oligarcas mitilenios se vieron obligados a armar al demos con el fin de defender a la ciudad. Pero el demos, al conseguir las armas, se sublevó y exigió la distribución de los cereales de manera equitativa entre todos los ciudadanos, amenazando, en caso contrario, entregar la ciudad a los atenienses. Temiendo una sublevación de todo el pueblo, los oligarcas prefirieron el poder de los atenienses, y capitularon a comienzos de julio del año 427, entregándose a Paqués, quien envió a 1.000 de ellos prisioneros a Atenas. 

La escuadra peloponesiaca, que llegó después de la capitulación de Mitilene, no se atrevió a encontrarse con los atenienses en el mar, y regresó al Peloponeso. El castigo que debería aplicarse a los mitilenios provocó grandes discrepancias en la ecclesia ateniense. En la primera reunión (agosto del 427), a propuesta de Cleón, hijo de Cleainetos, se resolvió ejecutar no sólo a los oligarcas enviados por Paqués a Atenas, sino a todos los pobladores de Mitilene; las mujeres y los niños debían ser vendidos como esclavos. Sin embargo, en la segunda reunión la cuestión volvió a ser planteada con el propósito de someterla a una consideración más detenida, y, no obstante la oposición de Cleón, la ecclesia resolvió, por una insignificante mayoría de votos, ejecutar solamente a 1.000 aristócratas, demoler las murallas de Mitilene y privarla de la flota. Las tierras de Lesbos fueron repartidas (salvo las de Metimna, fiel a Atenas) entre los 2.700 clerucos atenienses. Los lesbios pagaban anualmente a los clerucos la cantidad de 54 talentos. Acontecimientos análogos a los de Mitilene se desarrollaron en Corcira, donde los disturbios se habían iniciado al regresar de Corinto los aristócratas hechos prisioneros en las batallas de Epidamne y de las islas de Sibota. 

Al comienzo de la guerra, los corcirios habían resuelto mantener su alianza defensiva con los atenienses, pero sin declarar guerra alguna a la Liga peloponesiaca. Mas los oligarcas organizaron una conjuración, dieron muerte al cabecilla del partido proateniense, Pitias, y a otros 60 demócratas, de los cuales sólo unos pocos dirigentes lograron huir a Atenas. Los oligarcas, una vez en el poder, declararon primeramente que Corcira se atendría a una neutralidad armada con respecto a ambos beligerantes. Pero después de la llegada de una triere corintia y algunos embajadores espartanos, fue organizado un segundo ataque a los demócratas. Los combates continuaron varios días. «Ambos bandos enviaron heraldos a los campos circundantes para llamar en su ayuda a los esclavos, con la promesa de la libertad. La mayoría de ellos se plegó a los demócratas, en tanto que a los aristócratas sólo les llegaron unas 800 personas desde el continente.» La tenaz lucha terminó con el triunfo de los demócratas. Esto provocó la intervención armada de las dos partes en guerra, puesto que Corcira era la llave de todo el archipiélago jónico. Los peloponesiacos enviaron a Corcira 53 trieres, y los atenienses 11 primero y otras 60 después, lo cual hizo retroceder a aquéllos. Tras el arribo de la segunda escuadra ateniense, los demócratas corcirios comenzaron a vengarse de los oligarcas y sus partidarios. «Pero también cayeron algunos víctimas de enemistades privadas y otros murieron a manos de sus acreedores.» Parte de los oligarcas expulsados se fortificaron en Istone (un cerro al sur de la ciudad de Corcira). La lucha entre los ciudadanos y los expulsados se prolongó durante muchos tiempo, hasta que arribó a la isla, en el año 425, una fuerte escuadra ateniense, que iba camino a Sicilia. Con la ayuda de los atenienses, los demócratas atacaron la fortificación de Istone y la tomaron por asalto. Todos los prisioneros fueron muertos, y las mujeres, convertidas en esclavas. Como conclusión, Tucídides constata melancólicamente: «Este fue el final de las enconadas luchas intestinas, al menos por la duración de esta guerra, pues lo que quedaba del otro bando [el de los oligarcas] no es digno de mención.» 

Los acontecimientos de Corcira y de Mitilene guardan entre sí muchos rasgos de semejanza, pero también otros tantos que los diferencian. Anotemos, en primer lugar, que la lucha político- social más encarnizada se presenta, precisamente, en las polis más desarrolladas y adelantadas. En esto reside el lado débil de toda la democracia esclavista. Y en esto se encierra también una de las causas de la derrota final de Atenas. Lo común de los acontecimientos de Lesbos y de Corcira es que la iniciativa, tanto en una como en la otra, estuvo en manos de los oligarcas. En las dos polis los oligarcas acudieron a Esparta en busca de ayuda, al tiempo que los demócratas se orientaron hacia Atenas. «En cuanto a los aliados, entre ellos la muchedumbre, también persigue, con malintencionadas calumnias y odios, a los nobles», escribe el autor de la seudojenofontiana Constitución de Atenas, de inspiración aristocrática, al parecer, bajo la impresión de los acontecimientos que hemos considerado. 

Si durante el primer período de guerra, los oligarcas, en la esperanza del pronto triunfo de Esparta, a su criterio inevitable, estaban en una serie de polis animados de paciente espera, ahora, en cambio, se colocaron abiertamente en el camino de la rebelión y, en primer lugar, buscaron la ayuda del Peloponeso. El apoyo social de la aristocracia mitilenia era sumamente reducido. De hecho, su poder se mantenía no debido a la confianza de la mayoría de los ciudadanos, sino únicamente a que el demos mitilenio carecía de hoplitas. La base social de la oligarquía corciria era más reducida aún: la misma trataba de adueñarse del poder por vía de conjuraciones, creyendo posible retenerlo sólo con el apoyo de las fuerzas armadas de los peloponesiacos. Y es preciso tener en cuenta que los corcinos, dorios por su origen, según el punto de vista de los conceptos de los antiguos helenos, debían sentirse ajenos a Atenas y cercanos a Esparta. 

La descripción de los acontecimientos de Corcira, que nos suministra Tucídides, proporciona algunos rasgos, pequeños pero interesantes, que caracterizan la composición social de los oligarcas. En primer lugar, figuran la nobleza de abolengo y los individuos adinerados: los usureros, los grandes propietarios de barcos, los grandes terratenientes y los poseedores de gran número de esclavos. Lo exacerbado de la lucha política en Corcira, tan minuciosamente descrita por Tucídides, no puede explicarse sólo por las rivalidades tribales o raciales; el papel decisivo lo desempeñaban las clases sociales: el bajo pueblo explotado ajustaba cuentas con sus opresores. 

...

 Se desprende con claridad de las palabras de Tucídides que, en primer lugar, había en Corcira una cantidad bastante considerable de esclavos; en segundo lugar, y como era de esperar, los mismos estaban concentrados en los campos y, en consecuencia, se hallaban ocupados en la cosecha (a mediados de agosto); en tercer lugar, la «mayoría de los esclavos se plegó a los demócratas», puesto que sus explotadores principales, al parecer, formaban parte de la agrupación oligárquica. Finalmente, en cuarto lugar, la mayoría de los esclavos fue atraída hacia el lado de los demócratas mediante la promesa de la libertad. Sin embargo, aún en este caso los esclavos no eran más que peones en el tablero ajedrecístico que tenían en sus manos las clases dominantes. Todo el contexto de Tucídides da testimonio no del papel autónomo de los esclavos, sino de la tensión de esa lucha civil, puesto que aquéllos estaban fuera de la sociedad ciudadana; y el hecho mismo de haber recurrido los ciudadanos a su ayuda, parecía a los contemporáneos algo fuera de común.